1. La gestión de las bibliotecas deberá flexibilizarse y sus actuaciones deberán integrarse más en las finalidades de las instituciones a las que sirven.

Cuando se habla de debilidades de nuestras bibliotecas se pone de relieve una política bibliotecaria deficiente, con falta de planificación a medio y largo plazo, salvo excepciones particulares y, quizás, el bloque  general  de  las  bibliotecas  universitarias.  En  cualquier  caso,  el  nuevo  entorno  social  y tecnológico nos exige ya cambios en los modelos de gestión. Necesitamos flexibilizar las estructuras administrativas para obtener la eficacia y rapidez de respuesta que requiere el entorno digital.

Formar parte del panorama digital implica aceptar las reglas de un juego (el de lo digital) en el que la flexibilidad,  rapidez  y  eficacia  son  una  máxima.  Todo  ello  pide  una  adaptación  administrativa y organizativa a muchos niveles: estructura, colaboración horizontal, cooperación, gestión social, etc.

Dentro de la estructura orgánica de la institución se deberían dar pasos que nos llevaran a una mayor interdisciplinariedad e incluso movilidad de personal entre los departamentos y servicios implicados en los distintos proyectos que giran en torno a lo digital. Se buscará la comunicación más fluida y la colaboración  más  estrecha  de  todos  los  implicados;  especialmente  entre  los  responsables  de  las infraestructuras  informáticas  y  aquellos  más  directamente  responsables  de  tareas  exclusivamente bibliotecarias.

La  capacidad  de  autogobierno  y  autogestión  de  las  grandes  instituciones  públicas  quizá  debería llevarse  más  allá;  especialmente  cada  vez  más  dentro  de  un  entorno  en  el  que  se  habla  de restricciones presupuestarias, modelos de negocio, generación y reaprovechamiento eficaz y justo de Retornos de Inversión (ROI).

La rigidez de determinados procedimientos y la dificultad para introducir cambios en determinadas normativas  hace  que  no  se  den  respuestas  acordes  con  un  entorno  en  constante  cambio.  En  este sentido,  hay  herramientas  administrativas  que  de  no  cambiar  nos  llevan  a  la  ineficacia  y  la obsolescencia de los métodos. Entre otros aspectos podrían revisarse:

  • Normativas  que  obligan  a  la  redacción  de  convenios  de  larga  tramitación  cada  vez  que  se  quiere producir  un  intercambio  de  imágenes  gratuito  entre  instituciones  culturales,  entre  las  cuales deberían de haber un diálogo más directo.
  • La  agilidad  con  la  que  se  actualiza  el  contenido  de  una  herramienta  como  el  Catálogo  de Patrimonio.  En  ocasiones  no  se  encuentran  productos  informáticos  totalmente  instaurados  en  el mercado, pero la excesiva carga burocrática que giran en torno a estos recursos da lugar a fichas de producto  anacrónicos.  Esto  en  último  término  obliga  a  buscar  alternativas  más  lentas  en  la adquisición de infraestructura tecnológica (servidores, escáneres…

Gestión del cambio

Por otra parte, si nos encontramos, como hemos visto, en una época de cambios, esto requiere que adoptemos una política de gestión continua del cambio.

Aceptando  la  premisa  de  Heráclito  de  que  “no  hay  nada  permanente  excepto  el  cambio”,  esto  se hace  aún  más  cierto,  si  cabe,  en  el  mundo  tecnológico  actual.  En  cualquier  caso,  tan  real  como  el cambio,  lo  es  la  resistencia  del  ser  humano  al  mismo.  Hacer  frente  de  forma  continuada  a  la resistencia al cambio y conferir flexibilidad a todos los estamentos es un reto que ninguna biblioteca podrá  obviar.  El  cambio  llega  a  todos  los  niveles,  que  merecen  nuestra  atención  y  que  irán  siendo desarrollados más adelante: usuarios, recursos humanos y el propio entorno de la gestión.  En éste, tanto los directivos como las normativas deberán adaptarse y flexibilizarse para conferir  un mayor dinamismo y eficacia a la gestión.

Ciertas tipologías bibliotecarias experimentarán, o deberán experimentar, cambios específicos en su gestión en los próximos años, fruto de su actual situación.

De  esta  forma,  las  bibliotecas  escolares  se  irán  transformando  en  bibliotecas  distribuidas  con  una gestión  centralizada.  A  medida  en  que  los  recursos  digitales  vayan  ganando  terreno  en  estas bibliotecas,  aún  muy  ligadas  al  papel;  y  a  medida  en  que  los  centros  vayan  transformándose  en lugares  de  aprendizaje  flexibles  en  cuanto  a    espacios  y  tiempos,  las  bibliotecas  escolares  tendrán cada vez más una concepción de biblioteca distribuida con una ubicación principal y otras secciones repartidas  por  todo  el  centro.  En  realidad,  cada  aula,  cada  rincón  del  centro  en  el  que  se  realicen actividades  formativas  o  de  encuentro,  serán  secciones  de  la  biblioteca  escolar,  conectadas virtualmente. Solo de esta manera la biblioteca podrá cumplir sus funciones y ayudar en todos y cada uno  de  los  procesos  de  enseñanza  y  de  aprendizaje. Evidentemente,  esto  se  puede  asociar  a  la tendencia  de  los  bibliotecarios  incrustados  o  embedded  librarians  que  apoyan  al  usuario integrándose  en  sus  equipos,  por  ejemplo  en  sus  departamentos.  Todo  ello  exige  de  una  gestión única, centralizada, que coordine y diseñe las colecciones y servicios.

Integración en las instituciones de las que dependen.

Común a varias tipologías debe ser la tendencia hacia una mayor integración de las bibliotecas en sus instituciones. Las bibliotecas pueden adolecer, más que de independencia, de aislamiento y falta de coordinación con las instituciones en las que se integran y a las que sirven.

El  modelo  de  biblioteca  distribuida  de  las  escolares,    además  de  afectar    de  forma  evidente  a  los espacios  de  la  biblioteca  y  su  equipamiento,  lo  hace  a  su  gestión,  que    estará  supeditada  a  las necesidades  de  la  comunidad  educativa,  pero  también  será  fruto  de  la  colaboración  de  todos  los integrantes de la misma. Aunque la responsabilidad recaiga en un equipo de biblioteca, este arbitrará las  medidas  necesarias,  junto  con  la  dirección  del  centro,  para  que  todos  los  sectores  tengan representación  en    este  equipo  de  una  u  otra  forma.  El  bibliotecario  escolar  formará  parte  de  la Comisión de Coordinación Pedagógica, órgano de coordinación docente, lo que garantizará el flujo de información  con  todos  los  departamentos.  También  se  deberá  tener  en  cuenta  a  las  familias  y  al alumnado, que podrá formar parte del equipo como colaboradores en la realización de actividades o en la gestión de las colecciones de las aulas.

Los centros educativos, convertidos en comunidades de aprendizaje, apostarán por una biblioteca en la  que  la  participación  de  profesorado,  alumnado  y  familias,  será  esencial.  A  medida  que  se  vayan incorporando las familias y el alumnado como colaboradores a los equipos de biblioteca, esta podrá responder de una manera más acertada a sus intereses y necesidades. Aún cuando se resolviese la problemática de los recursos humanos de las bibliotecas escolares, estas siempre serán un espacio de  participación  y  de  expresión.  En  función  de  esta  participación  podrán  adaptarse  mejor  a  las necesidades de todos los agentes implicados.

Estas  bibliotecas  verán  afianzada  su  presencia  en  los  centros  educativos,  por  el  apoyo  curricular  e interdisciplinar  que  prestan,  pero  sobre  todo  por  su  contribución  al  desarrollo  del  proyecto educativo.  Las  bibliotecas  escolares  responden  a  la  concepción  y  a  las  prioridades  educativas  del centro del que forman parte. Sus objetivos serán los objetivos del centro, recogidos en el Proyecto Educativo del Centro, y sus funciones estarán relacionadas con el desarrollo de los programas y los contenidos del currículo.

Las  bibliotecas  y  centros  de  documentación  especializados  han  ido  adquiriendo  progresivamente mayor  importancia  en  el  seno  de  las  instituciones  de  las  que  dependen,  en  paralelo  con  el  interés que  suscita  cada  vez  más  la  gestión  de  la  información  en  todos  los  ámbitos.  Al  mismo  tiempo  es importante  que  los  responsables  de  las  bibliotecas  participen  en  las  tomas  de  decisiones  de  la institución para asegurar que no se quedan atrás en el reparto de recursos, especialmente en cuanto a presupuestos y personal. La biblioteca también participará en otras funciones del centro, como por ejemplo  la  participación  en  exposiciones,  en  el  caso  de  las  bibliotecas  de  museos,  la  participación directa en proyectos de investigación, etc.

Dentro  de  esta  integración  es  importante  la  relación  de  la  biblioteca  con  los  restantes  servicios documentales de la institución: archivos (textuales y fotográficos), servicios de documentación, etc. Se tenderá a integrar todos estos servicios en una unidad común para lograr una mayor eficacia en la gestión.

Por otra parte se reforzará el papel de los embedded librarians (bibliotecarios incrustados, siguiendo la  analogía  con  los  periodistas  incrustados  que  participaron  en  la  Guerra  de  Irak)  que  participarán codo con codo con los especialistas de la institución en los proyectos que se emprendan. Esta figura, podrá  tener  también  especial  repercusión  en  las  bibliotecas  académicas,  especialmente  en  las universidades  con  especial  vocación  investigadora,  apoyando  la  tarea  de  gestión  de  datos  e información para los grupos y equipos de investigación.

La biblioteca universitaria tiene por delante una tarea de integración en la vida universitaria y en el desarrollo  de  las  funciones  docentes  e  investigadoras  de  la  misma.  debe  ser  el  lugar  de  encuentro (físico y virtual), de la gestión y producción de la investigación y desarrollo que se lleva a cabo en laUniversidad.  El  bibliotecario  puede  trabajar  con  el  investigador,  que  es  a  su  vez  formador,  en  la creación de materiales; en el establecimiento de compromisos éticos en el uso de la información y, también, en la promoción de la investigación que se lleva a cabo en la universidad. Realiza una labor de asesoramiento y enseñanza de buenas prácticas a los investigadores. Los docentes precisan, más que  nunca,  guías  que  les  orienten  a  través  de  conceptos  recientes  como  son  e‐ciencia,  las humanidades  digitales,  la  difusión  adecuada  de  los  resultados  de  la  investigación,  etc.,    que demandan una gestión de la información actualizada y eficaz, que no descuide, a su vez, el entorno en  el  que  se  produce.  Destacar  el  valor  añadido  de  la  propia  universidad,  establecer  una  marca personal de la institución, poner en contacto a los distintos grupos de investigadores, son tareas en las que puede centrarse la biblioteca universitaria.

En el plano educativo de las universidades, las bibliotecas se presentan como el eje fundamental de la relación entre docentes y discentes. Para ello es imprescindible recabar la confianza del docente en actividades de formación, no solamente en la facilitación y depósito de bibliografía. Todas estas tareas afianzan a la biblioteca como estructura transversal y vertebradora de la universidad.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s