2. Se incrementará la cooperación: una mayor cooperación y colaboración ampliará el papel de la biblioteca dentro y fuera de la institución.

Relacionada  directamente  con  la  gestión,  mención  aparte  requiere  la  cooperación,  como  aspecto clave  de  las  bibliotecas  en  los  próximos  años. Las  administraciones  públicas  perderán  peso  y deberían  ganarlo  las  bibliotecas  autoorganizándose.  Se  incrementarán  el  intercambio  de conocimientos  prácticos  y  las  asociaciones  para  invertir  en  productos  y  servicios  comunes.  Sería esperable  que  las  organizaciones  de  base  (redes,  consorcios,  asociaciones…)  adquieran  un protagonismo mayor en la elaboración de servicios bibliotecarios, servicios que continuarán siendo prestados directamente por las bibliotecas. Pero las bibliotecas deberán aprender a delegar parte de las tareas técnicas e internas que actualmente realizan en entes cooperativos. Hay que apuntar que el espacio europeo empezará a tomar cuerpo, las actividades asociativas, lobistas y de proyectos se desarrollarán cada vez más en este marco territorial

La  cooperación,  tanto  en  el  ámbito  institucional  como  en  el  profesional,  se  revela  como  elemento imprescindible  para  aunar  esfuerzos  y  conseguir,  junto  con  otros,  los  objetivos  planificados  que difícilmente podríamos alcanzar solos. Por ejemplo, el desarrollo de servicios basados en tecnologías no puede ser abordado de manera individual ni por pequeñas redes locales.

La  necesidad  de  cooperar  parte  de  la  base  de  que  ninguna  biblioteca,  por  sí  misma,  puede enfrentarse  a  las  necesidades  informativas  de  todos  los  usuarios.  El  objetivo  principal  de  la cooperación bibliotecaria es la mejora de los servicios y la rentabilización de las inversiones.

Recordemos  que  las  bibliotecas  tienen  una  larga  y  consolidada  tradición  colaborativa  (préstamo interbibliotecario, donativos de colecciones bibliográficas, construcción de catálogos en línea, etc.). Pero ahora deberán trabajar de forma asociada para mejorar y crear nuevos servicios presenciales y tecnológicos  en  un  mundo  global.  Es  fundamental  trabajar  y  construir  juntos  el  futuro  de  las bibliotecas.  Pues  ya  no  será  posible  dirigir  y  gestionar  las  bibliotecas  de  una  forma  artesanal  y cerrada.  Las  bibliotecas  deberán  apostar  claramente  por  una  estrategia  de  conjunto  para  hacer frente  fundamentalmente  al  actual  panorama  socioeconómico,  al  recorte  de  presupuestos  al  que han sido sometidas, al crecimiento de la colección, al cambio de la demanda del material físico frente al  digital.  Por  lo  tanto,  tienen  que  establecer  nuevas  alianzas  para  poder  obtener  otras  fuentes  de financiación extras y así no depender exclusivamente de las Administraciones Públicas.

Según  Luis  Anglada  (2012),  “cooperar  nos  llevará  a  producir  de  forma  colectiva  instrumentos  que satisfagan  las  necesidades  de  los  usuarios  en  una  medida  que  no  podemos  alcanzar  con  nuestros propios medios”. Los catálogos colectivos vuelven a ser quizá uno de los mejores ejemplos. Con ellos mejoramos  la  información  bibliográfica  que  prestamos,  podemos  racionalizar  las  adquisiciones  y establecer sólidos servicios de préstamo entre bibliotecas. Con la cooperación se consigue un:

  • Ahorro en los costes de las adquisiciones y prestación de los servicios
  • Mejora de los servicios
  • Aumento de la calidad
  • Fortalecimiento de la imagen
  • Ayuda profesional

Recordemos  que  no  es  lo  mismo  coordinación  que  cooperación,  al  igual  que  no  son  lo  mismo  las redes  que  los  sistemas  bibliotecarios.  Aún  reconociendo  la  importancia  de  la  organización  de  las bibliotecas de forma vertical, es la cooperación voluntaria de la que estamos hablando.  Esto no quita que  la  misma  pueda  ser,  y  probablemente  lo  sea,  organizada  y  promovida  desde  entidades administrativas, agrupaciones profesionales o grandes centros.

En definitiva, la formación de redes de bibliotecas deberá ser todavía un planteamiento de futuro en algunas  tipologías  de  bibliotecas;  mientras  que  en  otras  (públicas,  universitarias,  nacionales…) asistiremos al reforzamiento de las mismas.

Las  bibliotecas  especializadas,  como  una  derivación  natural  de  su  hiperespecialización,  se  ven abocadas  para  sobrevivir  al  establecimiento  progresivo  de  redes  de  cooperación  entre  centros similares.  Al  trabajar  en  red  se  gana  eficiencia,  también  desde  el  punto  de  vista  económico. Al compartir recursos se ofrece un servicio más amplio y más barato, como ha sucedido en el caso de la Biblioteca  Virtual  del  Sistema  Sanitario  Público  de  Andalucía.  Además,  al  estar  muchos  de  estos centros atendidos por un solo profesional, las redes de colaboración se revelan aún más importantes: “establecer redes de contacto y de colaboración para tu propio beneficio casi siempre beneficiará a tus colegas” (R. Hulshof‐Schmidt, 2011).

El  desarrollo  de  las  bibliotecas  escolares  está  ligado  al  de  las  instituciones  educativas  de  las  que forman  parte,  pero  también  a  la  cooperación  y  a  su  participación  en  redes.  Buscarán  el establecimiento  de  micro‐redes  con  otras  bibliotecas  escolares  de  su  entorno  más  próximo  pero también con otras de distinta tipología especialmente las públicas (pero también con librerías u otras instituciones culturales), con el fin de compartir recursos, rentabilizar presupuestos escasos, vincular a  usuarios  de  distintos  sectores  y  niveles  educativos,  diseñar  conjuntamente  propuestas  y actuaciones. La selección de los recursos digitales exigirá un nivel de especialización y, al tiempo, un nivel de colaboración alto. Estas micro‐redes tendrán un grado elevado de autonomía en lo que se refiere a sus fines y contenido: actividades de colaboración, propuestas de trabajo, etc.

Las  micro‐redes  territoriales  estarán  conectadas  a  redes  más  extensas  de  carácter  institucional, dependientes  de  las  administraciones  educativas  que  deberán  asegurar  una  buena  parte  de  su financiación  y,  en  cualquier  caso,  garantizar  su  existencia  mediante  normativas  específicas  que regulen  su  funcionamiento  en  los  centros  educativos.    Estas  redes  estarán  coordinadas  desde unidades específicas, al cargo de equipos interdisciplinares, que facilitarán su desarrollo y asesorarán al profesorado en el ejercicio de sus funciones. Además deberán coordinarse e incluso integrarse con otras redes del sistema bibliotecario regional para garantizar la coherencia en temas clave como los sistemas de automatización, los criterios de selección de recursos, los equipamientos, las actividades que forman lectores, las posibilidades de colaboración interbibliotecaria, etc.

Cooperación con otras bibliotecas y otras entidades.

Si hablamos de cooperación con otras tipologías bibliotecarias y otras instituciones, esta viene siendo muy  escasa,  representando  una  debilidad  de  todas  ellas.  Las  bibliotecas  deben  entender  que  la cooperación  tiene  que  extenderse  también  a  otras  instituciones  de  ámbitos  diferentes  pero  con objetivos comunes. Por ello, las alianzas y la internacionalización de la biblioteca van a ser cada vez más necesarias para poder ofrecer unos servicios de calidad y una información relevante a nuestros usuarios.

En las bibliotecas universitarias, la colaboración con bibliotecas públicas y, sobre todo, escolares (y con los centros que las sustentan), presenta claras ventajas para las dos partes. La ya vieja etiqueta de nativos digitales ha provocado que los recién llegados alumnos a la universidad provengan de un entorno  donde  su  familiaridad  con  las  TICs  y,  también,  el  uso  de  la  tecnología  sean  intuitivos  y asumidos desde edades tempranas. También proceden de entornos en los que, en la mayoría de los casos,  ya  conocen  y  han  participado,  de  las  ventajas  de  las  bibliotecas  infantiles  o  públicas.  Los bibliotecarios  universitarios  deberán  aprovechar  ese  input,  conociendo  cómo  llegan  realmente  a  la universidad y reafirmando o reorientando todo ese conocimiento previo de forma más madura, más adecuada  al  entorno  de  la  educación  superior.  Una  manera  de  hacerlo  es  salir  de  la  biblioteca universitaria  y  entrar  en  colegios  e  institutos,  trasladar  las  actividades  ALFIN,  adelantando  algunos contenidos durante las enseñanzas medias. Las bibliotecas universitarias se abrirán así a la sociedad  ofreciendo  un  servicio  abierto  que  a  su  vez  revierte  en  la  propia  universidad  en  dos  vías:  eleva  la formación de los futuros alumnos, y hace entre éstos difusión (marketing) de su universidad.

Además, está pendiente una mayor colaboración entre las bibliotecas especializadas de investigación y  las  universitarias,  que  muchas  veces  podrían  compartir  servicios  y,  obviamente,  colecciones; aunque esto último choque con los intereses de editoriales y distribuidores. Igualmente, acuerdos de intercambio pueden permitir a los usuarios de ambas instituciones el uso recíproco de las bibliotecas.

De  esta  forma  la  cooperación  también  puede  ser  a  través  del  uso  compartido  de  nuestras  propias instalaciones y servicios.  Por ejemplo, en las bibliotecas escolares debe extenderse la tendencia a las bibliotecas de doble uso, probada con bastante éxito en muchas poblaciones.  Las administraciones educativas  y  locales  colaborarán  para  que,  en  determinadas  entidades  de  población  y  dadas  sus características,  puedan  coexistir  en  un  mismo  espacio  físico,  la  biblioteca  escolar  y  la  biblioteca pública. Exigen unos acuerdos previos, una cuidada organización y, especialmente, una configuración de la colección que atienda tanto a las necesidades del alumnado como a las de la vecindad en su conjunto.  Esto  entraña  dificultades  pero  puede  ser  una  solución  para  entidades  de  población  muy pequeñas o para los centros ubicados en barrios de ciudades donde no hay biblioteca pública.

Por otra parte, y aunque  pueda mencionarse en otro apartado, una tendencia ahora imperante en las  bibliotecas  universitarias  es  la  de  compartir  los  edificios  de  bibliotecas  con  otros  servicios  de atención  a  la  comunidad  universitaria;  bien  dirigidos  desde  la  biblioteca  bien  con  gestiones independientes.

Búsqueda de socios.

Pero la colaboración también debe ser con otros sectores, vinculados conceptual o comercialmente a las  bibliotecas,  pero  que  a  menudo  actúan  por  separado;  incluso  como  competidores  entre  sí. Pensando en esto más como una oportunidad, casi una necesidad, no como una tendencia, se deben establecer alianzas con otros actores, como editores y libreros.

También  resulta  de  especial  interés  realizar  alianzas  con  empresas  y  entidades  de  carácter tecnológico.  La  creación  de  las  bibliotecas  digitales  hoy  día  supone  aceptar  el  reto  de  existir  en  el entorno  de  las  nuevas  tecnologías  y  la  innovación.  Por  ello,  más  que  nunca  será  imprescindible  el contacto  con  empresas  de  nuevas  tecnologías  y  grupos  de  investigación  que  ayuden  a  la incorporación  de  nuevos  servicios  o  la  generación  de  nuevos  recursos.  Todo  ello  para  que  la dimensión  digital  no  sea  un  contenido  estático  sino  dinámico,  en  constante  movimiento  y  en conexión  con  las  necesidades  de  los  usuarios.  Lo  digital  contiene  en  sí  mismo  el  germen  de  la evolución.

Dada  la  titularidad  pública  de  la  mayoría  de  las  bibliotecas,  este  reto  requiere  mantener  cauces fluidos  de  diálogo  con  los  distintos  estamentos  de  la  Administración.  Por  un  lado,  con  los  servicios informáticos  corporativos de  las  respectivas  instituciones  encargados  de  supervisar  la  participación de  agentes  tecnológicos  externos  y  de  autorizar  la  implantación  de  las  innovaciones.  Por  otro  lado también con los servicios jurídicos que apoyan en la creación de acuerdos, convenios que propicien la colaboración con entidades tales como las universidades, institutos de investigación, etc.

Pero  además,  desde  de  las  instituciones  debe  hacerse  el  esfuerzo  por  no  perder  el  contacto  con asociaciones  profesionales,  entidades  y/o  organismos  internacionales  (Europeana,  CENL…)  que pudieran  propiciar  la  participación  en  proyectos  de  investigación.  Este  esfuerzo  en  el  contexto  de crisis actual puede ser difícil de asumir pues los recursos tanto humanos como de infraestructura son cada vez más limitados. Por ello para salvar este obstáculo será necesario reforzar las actividades de captación de fondos en entornos del mundo privado y/o las fundaciones.

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