4. Los profesionales deberán tener perfiles flexibles y cambiantes y las bibliotecas necesitarán personal con conocimientos diversos; la formación dejará de tener un carácter unitario.

Las bibliotecas necesitarán personal con conocimientos diversos. La formación dejará de tener un carácter unitario. Se necesitarán bibliotecarios polivalentes que se desenvuelvan en distintas áreas como gestión cultural, información, legislación, software, hardware, redes sociales, asociacionismo, etc.

Por regla general, el público usuario de las bibliotecas tiene un buen concepto de los bibliotecarios y del conjunto del personal de las bibliotecas, de su profesionalidad y entrega, de la atención con que atienden el servicio. Pero también tiene un profundo desconocimiento de su trabajo real. Los bibliotecarios presentan deficiencias en su formación profesional, que debe ser mejorada y actualizada de manera sistemática.

En esta época de cambios, surgen nuevos campos profesionales en los que especializarse y renovarse continuamente. No todos los miembros de un equipo presentarán idéntica capacidad de adaptación y renovación frente a las nuevas necesidades; y aún así cada uno de los que forman parte de un equipo es esencial, especialmente en momentos en los que los recursos humanos son un lujo al que la crisis nos está haciendo renunciar. El reparto, la especialización de tareas y el incentivo debe tener en cuenta las cualidades y capacidades de nuestro equipo.  Ante la falta de medios incentivadores del personal del que adolece la Administración, más que nunca las herramientas fundamentales para la gestión del cambio y la minimización de frustraciones que pudieran surgir serán la comunicación y transparencia entre todos los implicados.

Las TICs y los cambios sociales que han venido con ellas han cambiado la profesión de forma ostensible en los últimos años. Se necesitan profesionales mucho más polivalentes, atentos a las novedades, capaces de probarlas y evaluarlas, así como de ponerlas en práctica.

En el momento presente nos encontramos en un entorno cambiante que conlleva un nuevo perfil profesional. El bibliotecario  se enfrenta a una explosión de la información, en la que resulta especialmente complicada la gestión de los datos (Big Data). Los bibliotecarios debemos seguir realizando nuestro trabajo en consonancia con esta situación y tenemos que estar preparados para ejercer como filtro, guía, educador, conector, facilitador, de esa información con el usuario final que la necesita (Marquina,  2013b).

El personal que precisan las bibliotecas, además de las destrezas tradicionales, deberá tener o ser capaz de adquirir competencias y habilidades variadas, que no siempre serán tecnológicas:   sobre gestión y organización (incluyendo economía o estadística), conocimientos sobre comunicación (donde se incluye las tecnologías de la información) y otros conocimientos (propiedad intelectual y derecho, idiomas, sociología, pedagogía, etc.). Recordemos que competencia es un conjunto de actitudes, habilidades, valores y conocimientos que han de tener los bibliotecarios para realizar su trabajo  de forma efectiva y contribuir positivamente en sus organizaciones, usuarios y profesión.

Este perfil polivalente precisa, por lo tanto, de profesionales flexibles, dispuestos a asumir cambios y formación constantes: la información, ahora, es digital y llega en distintos ámbitos y a ese reto ha de estar dispuesto el bibliotecario en la universidad. Hay que reinventarse continuamente, lo que llaman los anglosajones career agility o agilidad profesional.

Hay una última línea dentro de esta tendencia que es a la de la autopromoción, que no ha sido habitual tradicionalmente. Para poder afrontar el futuro desde una perspectiva influyente, el bibliotecario (en particular el especializado) deberá venderse, dejar claro quién es y qué puede hacer por sus usuarios, sin dar nada por sentado, tanto dentro como fuera de la institución que lo aloja.

El profesional ha de estar presente, también, en la gestión de las redes sociales y de los entornos digitales de las bibliotecas: un buen profesional estará donde estén los usuarios, por lo que ha de estar dispuesto a adoptar estrategias de cambio, golpes de timón, siendo, en definitiva, polivalentes. Si los entornos 2.0 son ya una cuestión asumida, no debe serlo la actitud que conlleva el trabajo con ellos, aceptando, de forma radical, una actitud de beta continuo.

En ámbitos concretos se requerirán formaciones específicas. Se observa así un incremento progresivo de profesionales en la Biblioteca especializada con doble formación: bibliotecaria y de la materia del centro al que se sirve.  Igualmente, un aspecto que se baraja con el concepto de CRAI es el de bibliotecario temático, que requiere de conocimientos específicos.  Esto se deberá profundizar en el caso de los mencionados bibliotecarios incrustados.

Pero además las funciones en muchas bibliotecas se entrecruzan y los límites entre los profesionales del ramo también se difuminan. Es habitual que el personal sea, a la vez, bibliotecario, archivero, documentalista y gestor de contenidos.

Caso particular es el de las bibliotecas escolares. La propia existencia de la biblioteca escolar en los próximos años estará ligada a la configuración de unos recursos humanos que la hagan posible. La biblioteca estará gestionada por un equipo interdisciplinar, coordinado por un profesor-bibliotecario cuya formación inicial puede ser de ámbitos diversos,  pero su perfil deberá responder al de una persona conocedora de los rudimentos de la pedagogía y de la gestión del conocimiento, con una competencia alta en recursos digitales, al tiempo que implicada intensamente en los desarrollos curriculares y en la vida del centro.  Además del bibliotecario escolar el equipo contará con una representación suficiente de los docentes de los diferentes niveles educativos y departamentos o especialidades, así como con la colaboración de otros sectores de la comunidad educativa como alumnado y familias.

Los profesores bibliotecarios estarán conectados con responsables de otras bibliotecas de su ámbito más próximo a través de micro-redes, e integrados en redes institucionales de ámbito territorial. La participación en redes profesionales de ámbito más amplio asegurará una colaboración y una formación continuada y será imprescindible para poder ejercer sus funciones con un mínimo de garantías.

El perfil profesional del personal que ejerce su trabajo en las bibliotecas públicas debe entenderse, por la especificidad que le viene dada en su proximidad a los ciudadanos, como la suma de unos conocimientos teóricos y prácticos (en información y documentación, en gestión y planificación, en técnicas de comunicación y en aplicación de las TIC a las funciones y tareas bibliotecarias) y de unas aptitudes y actitudes personales tan necesarias como los conocimientos teórico-prácticos: voluntad de servicio a los usuarios, habilidad para la comunicación, rechazo del aislamiento y aptitud para el trabajo en equipo, amplia formación cultural, actitud positiva hacia los cambios adaptando los métodos de trabajo a las nuevas situaciones, espíritu crítico, imaginación, visión de futuro y capacidad de decisión. Pero lo más importante es centrarse en los ciudadanos más próximos y seguir construyendo la biblioteca pública a partir de eso.

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