7. Los espacios de las bibliotecas aún permanecerán como tales, pero serán flexibles acogedores y sociales.

La permanencia a medio plazo de las bibliotecas como espacio físico parece en estos momentos segura, tras décadas de haber sido puesta en entredicho.  Esto no se circunscribe a aquellas bibliotecas patrimoniales que, en su calidad de depósitos, requieren de un edificio, sino también al resto de tipologías. Tampoco se puede asegurar que esta presencialidad sea definitiva, y en cualquier caso la tecnología está cambiando, como ha pasado a lo largo de los siglos, la forma de la biblioteca.

Aunque podemos encontrar peculiaridades entre las diferentes tipologías bibliotecarias, eso no quita que se compartan muchas premisas de futuro.  Los espacios de la biblioteca vivirán una profunda transformación debido al progresivo paso de la información de soporte impreso al digital. Como consecuencia, pero también como una evolución necesaria, las bibliotecas podrían orientarse a facilitar espacios comunitarios que podrán complementar con servicios de información y determinados equipamientos.  La biblioteca, como hemos visto, se centra en el usuario, en sus necesidades y bienestar, y esto se aplica a su diseño.

Si la tendencia es que las bibliotecas sirvan como punto de encuentro, ágora o red social, esto tiene muchas implicaciones, pues los espacios serán utilizados de forma diferente. Por ejemplo, sin duda las antiguas restricciones están decayendo. En muchas zonas se puede comer, hablar, etc.

También implica que los espacios deben ser agradables, que apetezca estar en ellos, existiendo zonas neutrales, sin una dedicación prevista más que simplemente estar. Se cuida cada vez más el diseño de los interiores. Amplias zonas deben diseñarse para facilitar el encuentro y el trabajo colaborativo.

La multiplicidad de usos que podrán tener los espacios nos lleva a tener una gran variedad de los mismos, lo que obliga a su vez a la compartimentación. No podemos olvidar que permanece la necesidad de espacios para el estudio individual y concentrado. Como consecuencia también, necesitamos espacios más que flexibles, transformables. Los bibliotecarios deberán integrarse en estos espacios, distribuirse, para acercarse al usuario que, al tiempo, será más autónomo. Tanta diversidad puede ser contraproducente si no se realizan edificios inteligibles, fáciles de leer, en los que la transparencia puede ser una herramienta importante.

Por supuesto, serán espacios altamente tecnológicos, pues la mayoría de los usos lo requieren. En particular lo serán los espacios para desarrollar proyectos. Estas zonas de creación en las bibliotecas, están dedicados a facilitar la producción de sus propios usuarios: impresoras 3D, hacker spaces, maker spaces, etc.

La variedad de zonas y servicios requiere de edificios bastante grandes. Pero también debemos recordar que la colección ya no es la protagonista de los mismos.  Incluso se aparta y se lleva a depósitos externos, dejando espacio libre para estos usos.  Por este tamaño y la necesidad de optimizar costes, se tenderá a integrar bajo su techo otros servicios externos, sobre todo en las bibliotecas universitarias. Siendo servicios a la comunidad (información, apoyo…), esto puede ser muy positivo para la propia biblioteca.

Por fin, serán edificios sostenibles, muchas veces reutilizados, lo que también entronca con la tradición social de las bibliotecas.

Particularizando, el concepto de bibliotecas distribuidas de las bibliotecas escolares afecta claramente a los espacios.  Estos Serán amplios y contarán con superficie suficiente como para albergar actividades de muy diferente cariz y para distintos grupos de la comunidad educativa. Contemplarán una sala principal y otros espacios del centro, concebidos como secciones (en realidad, todo el centro deberá ser entendido como biblioteca escolar, en lo que se refiere a su funcionamiento).

La biblioteca propiamente dicha será un espacio integrador de la cultura impresa y la cultura digital. Será un  espacio funcional donde se podrá leer de forma individual o en actividades colectivas, realizar trabajos en grupos pequeños y en gran grupo;  realizar presentaciones de libros, películas, trabajos del alumnado; llevar a cabo actividades formativas y culturales de muy distinto signo para todos los sectores de la comunidad educativa. Habrá espacios de gestión, difusión de novedades, exposiciones temáticas, zona de audiovisuales, un pequeño estudio de grabación. La conectividad estará garantizada y los dispositivos portátiles o móviles no tendrán ninguna restricción. Será accesible en términos de movilidad, entre otros. Estará concebida esencialmente como un espacio de convivencia, de comunicación y de aprendizaje.

Al igual que otras bibliotecas, las escolares dispondrán espacios para trabajos de pequeños grupos, sea de escolares, o de adultos de la comunidad educativa (profesores, padres, vecinos…). Estos lugares de encuentro, de trabajo, de reflexión, serán valorados porque, a pesar de que la conexión a través de las tecnologías móviles será permanente,  ya se observa una mayor necesidad de encontrarse con otros para realizar proyectos conjuntos o para realizar aprendizajes informales.

Se ha insistido en la idea de  que la biblioteca como lugar físico es el corazón de la universidad, y la tendencia es a convertirlo en el principal sitio donde acudir, para cualquier cosa, dentro del campus. La experiencia de los CRAI y de la superconvergencia[1] de servicios universitarios incide en los espacios físicos como catalizador de todas las formas de información y contacto dentro de la universidad. Bibliotecas que integran distintos tipos de espacios para distintos usos, que tienen una configuración flexible y reutilizable, y que permiten el uso de sus espacios más allá del estudio y el trabajo (laboratorios de experimentación, salas de reuniones formales e informales) y más allá de sus colectivos internos (alumnos y PDI) se abre a los externos y ofrece instalaciones, servicios y conocimientos al servicio de otros sectores de la sociedad, que pueden ofrecer a cambio a la universidad su trabajo, su experiencia o sus productos.

La necesidad de espacios para que los usuarios e investigadores de las bibliotecas especializadas interactúen supone ofrecer algo más que recursos informativos sino también lugares específicos que puedan servir como sitios de reunión, de aprendizaje en grupo, de seminarios de formación, etc.

Estos lugares deben adaptarse a las nuevas necesidades. Así, es imprescindible que cuenten con facilidades para el trabajo con ordenadores, desde terminales a enchufes para conectar los portátiles de los lectores o, por supuesto, una red Wi-Fi eficaz. Deben ser espacios que primen la comodidad de los usuarios sobre otras consideraciones con el fin de atraer al público potencial y hacer de las bibliotecas especializadas lugares vivos abiertos a toda la comunidad científica.

Finalmente, es previsible que los espacios de las bibliotecas patrimoniales se vayan reorientando como consecuencia de la inmersión en el modelo digital desde la atención a los estudiosos e investigadores presenciales hacia un planteamiento museístico de exhibición de la materialidad del documento impreso, sin perjuicio de la dotación de los espacios necesarios para el acceso al patrimonio digital y para la socialización ciudadana.

[1] XI Jornadas CRAI 2013: la supervonvergencia de servicios universitarios. Madrid: REBIUN, 2013. Disponible en: uc3m.es/jornadascrai

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